Kungsleden: caminar a través del corazón de la Laponia sueca
El Kungsleden, el “Camino del Rey”, es uno de esos lugares donde la montaña no se mide tanto por la altura de sus cumbres como por la sensación de recorrer un espacio indómito e inmenso.
Más de 450 kilómetros recorren de norte a sur las montañas de la Laponia sueca, atravesando bosques de abedules, grandes valles glaciares, ríos, lagos y extensos paisajes de tundra. Su tramo más conocido, entre Abisko y Nikkaluokta, concentra en unos 115 kilómetros algunos de los escenarios más espectaculares del norte de Suecia.
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Laponia sueca
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La ruta comienza en Abisko, dentro de uno de los parques nacionales más septentrionales de Suecia, y avanza hacia el macizo del Kebnekaise, donde se encuentra la montaña más alta del país, con 2.097 metros. Por el camino aparecen algunos de los paisajes más reconocibles de la región, como Lapporten, el gran valle en forma de U que se ha convertido en uno de los iconos de la montaña sueca.
Pero el Kungsleden no es sólo una sucesión de paisajes espectaculares. Una parte esencial de la experiencia radica en cómo se recorre.
Los refugios de montaña tienen un funcionamiento muy diferente al habitual en los Pirineos o en los Alpes: aquí toca recoger agua, cortar leña, cocinar, fregar y compartir las instalaciones con otros caminantes. Una forma de viajar más sencilla y participativa que devuelve al trekking parte de su carácter aventurero.
Además, estamos en Sápmi, el territorio cultural tradicional del pueblo sami, donde la cría de renos sigue formando parte del paisaje y de la vida local. El recorrido atraviesa también una región de enorme valor natural: el área de Laponia incluye espacios protegidos y el sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO de Laponia, uno de los grandes territorios naturales y culturales del norte de Escandinavia.

El carácter del Kungsleden
En Muntania Outdoors hemos querido ir un poco más allá del recorrido clásico. Durante dos jornadas nos apartamos del itinerario habitual para adentrarnos en una zona más solitaria de la cordillera. Es precisamente en esos desvíos, lejos de los lugares más conocidos, donde el Kungsleden revela buena parte de su carácter: valles inmensos, montañas abiertas hasta el horizonte y una sensación de aislamiento difícil de encontrar en los grandes trekkings europeos.
Y hay otra particularidad que conviene conocer antes de viajar: la distancia sustituye aquí al desnivel como principal desafío. No encontraremos grandes ascensiones alpinas, pero sí jornadas largas y terrenos que pueden resultar incómodos por el barro, las zonas encharcadas, las pasarelas de madera o los tramos rocosos. La recompensa es caminar durante horas en un paisaje en el que la escala humana parece reducirse considerablemente.
En primera persona
Para descubrir cómo se vive realmente esta experiencia, hemos hablado con Bruno Ubago, guía acompañante y veterano montañero, quien acaba de recorrer el itinerario. Nos cuenta qué paisajes le sorprendieron, cómo funcionan los refugios, qué preparación hace falta, qué diferencias encontró con respecto a los Pirineos y por qué algunas de las jornadas menos conocidas terminaron siendo las más memorables.
Si buscas un trekking que combine naturaleza, aventura y una forma diferente de entender la montaña, el Kungsleden propone algo más que una ruta: seis días para caminar al ritmo de la Laponia sueca y descubrir un paisaje donde todavía queda mucho espacio para perderse.
“En el Kungsleden encuentras una sensación de libertad y paz enorme”
Bruno, ¿cómo comenzó tu relación con la montaña y con el grupo con el que has recorrido el Kungsleden?
Mi mujer y yo somos aficionados al esquí de fondo desde hace muchos años y solemos ir a Llanos del Hospital, en Benasque. Nuestra hija empezó allí con cuatro años y, poco a poco, fuimos haciendo amigos entre las familias con las que coincidíamos cada invierno.
En 2011 se me ocurrió montar un grupo al que llamamos Komando Tortilla. La idea era seguir viéndonos cuando terminara la temporada de esquí y organizar excursiones de montaña en familia. Es una fórmula estupenda para que los niños se aficionen a la montaña: van hablando entre ellos, se divierten y, poco a poco, aumentan los desniveles y las distancias.
Desde entonces, durante la primavera y el verano hemos organizado excursiones prácticamente todos los fines de semana. También hemos colaborado con una ONG que ayuda a niños de Nepal. No soy guía profesional, pero llevo desde 2011 coordinando y acompañando al grupo. En estos quince años hemos hecho excursiones por el Pirineo y, desde 2014, una travesía de una semana cada verano, pasando de refugio en refugio. Hemos recorrido la Carros de Foc, la Senda Camille, el Tour del Mont Blanc y diferentes zonas de Pirineos, Alpes, Dolomitas, Valle de Aosta, Suiza y La Palma.
En esta ocasión viajamos 13 personas, de 21 a 67 años. Éramos un grupo bastante heterogéneo y llamábamos la atención como grupo de españoles que realizábamos una travesía de este tipo en Laponia.

Un viaje especial
¿Qué tiene el Kungsleden que lo convierte en un trekking tan especial y por qué recomendarías vivir esta experiencia a alguien que todavía no conoce el norte de Suecia?
Tiene varias cosas especiales. Para empezar, es un territorio donde puedes hacer trekking en agosto sin encontrarte con la masificación que actualmente existe en los Pirineos o los Alpes.
También está la climatología. Este verano ha sido muy caluroso en buena parte de Europa, mientras que allí hemos tenido temperaturas mucho más agradables. Y, sobre todo, están los espacios abiertos e inmensos, que transmiten una enorme sensación de libertad y paz.
Por último, destacaría la organización de los refugios, que es completamente diferente a la que estamos acostumbrados a encontrar en los Pirineos o los Alpes.
Un paisaje memorable
¿Qué paisaje, momento o recuerdo se te ha quedado grabado?
No había recorrido este itinerario antes. Algunos amigos sí lo habían hecho, y nosotros descubrimos una variante que encontré en un foro de montaña, recomendada por una mujer sueca.
A partir del segundo refugio, Alesjaure, nos desviamos de la ruta habitual hacia otro refugio y luego regresamos al itinerario principal. Esas dos etapas fueron extraordinarias y nos impresionaron a todos.
Probablemente, las vistas desde el refugio y los primeros diez kilómetros de la etapa siguiente fueron lo más bonito de toda la travesía.

Caminar en la inmensidad
¿Cómo describirías la sensación de caminar durante horas por un territorio tan remoto?
Es una sensación fenomenal, especialmente si es lo que buscas. En un grupo de 13 personas, a veces me adelantaba para poder caminar solo y disfrutar de esa inmensidad: los grandes valles, el agua que fluía por todas partes y los paisajes glaciares.
Es una sensación que quizá busquen pocas personas, pero quienes vamos detrás de ella la encontramos allí.
Kungsleden frente a los Pirineos
¿Qué diferencias hay entre hacer un trekking en los Pirineos y aventurarse en el Kungsleden? ¿Qué nuevos aprendizajes ofrece caminar por la montaña escandinava?
Las diferencias son importantes. Todo es montaña, pero no hay grandes desniveles (el día con mayor desnivel es de +418 m): la dificultad radica, sobre todo, en las distancias. Las etapas rondan los 20 kilómetros y hay una de unos 25.
La principal diferencia, diría, es la manera de utilizar los refugios. En los Pirineos o los Alpes estamos acostumbrados a refugios donde te ofrecen desayuno, cena e incluso puedes comprar un picnic. Aquí la experiencia es completamente distinta.
No hay cobertura móvil, agua corriente ni electricidad. Aproximadamente cada 20 kilómetros, encuentras un pequeño conjunto de casas donde se ubican los refugios.
Normalmente hay dos edificios destinados a alojamiento, con habitaciones y literas, y una casa común con comedor y dos cocinas, cada una con dos fuegos. También suele haber una pequeña tienda donde comprar alimentos básicos y algunos productos de higiene.
Para cargar el móvil necesitas llevar una batería externa o placas solares. El agua se recoge directamente del río o del lago y, para cocinar y fregar, se utilizan cubos. Hay letrinas secas porque no hay agua corriente.
La sauna
Tampoco hay duchas. La higiene se realiza mediante las saunas, que forman parte de la vida cotidiana en los refugios.
Las saunas tienen horarios para hombres, para mujeres y de uso mixto. Antes de entrar, hay que recoger agua del río y después se puede utilizar la sauna y combinarla con un baño en el río. Para calentarla también hay que cortar leña y alimentar la estufa.
Todo es muy participativo y colaborativo, casi como una pequeña expedición. Es una experiencia muy diferente a la comodidad habitual de los refugios de los Pirineos o Alpes.




La vida en los refugios
Las noches se pasan en refugios de montaña y, salvo excepciones, hay que preparar la cena y el desayuno. ¿Cómo es la vida en estos alojamientos?
Hay que cocinar, desayunar, fregar y participar en las tareas del refugio.
La cocina se comparte con otros caminantes. Normalmente hay dos cocinas con dos fuegos cada una, así que, si están ocupadas, tienes que esperar tu turno.
La convivencia es muy cordial. Coincides con otros viajeros que están haciendo la misma ruta y, muchas veces, se sorprenden al encontrarse con un grupo español tan numeroso y con edades tan diferentes.
Todo esto fomenta mucho el compañerismo porque hay que participar en las tareas comunes: recoger agua, cortar leña, cocinar, limpiar o preparar la sauna. Es una forma de convivencia muy diferente y también muy divertida.
Preparación física y experiencia
¿Qué nivel de preparación física y experiencia en montaña recomendarías?
Cualquier persona acostumbrada a caminar puede hacerlo, ya que los desniveles son moderados. El día con mayor desnivel no superó los 500 metros.
La exigencia está en las distancias: unos 20 kilómetros diarios de media y una etapa de 25 kilómetros. Por eso es importante trabajar la resistencia.
Los senderos, además, pueden resultar exigentes por el terreno. Hay zonas embarradas y áreas encharcadas que se atraviesan mediante pasarelas de madera, y bastantes tramos rocosos. Es importante prestar atención al camino: no conviene caminar distraído mientras contemplas el paisaje.
No hace falta una gran experiencia técnica en montaña porque el itinerario está bien marcado y es sencillo. La experiencia sí resulta útil para organizar correctamente la logística.

¿Qué le dirías a alguien que está pensando en hacerlo?
Le diría, sobre todo, que se informe bien sobre cómo es el trekking para no llevarse sorpresas.
Hay que estar dispuesto a cocinar, fregar, recoger agua, cortar leña y asumir una forma de alojamiento muy diferente a la de los refugios tradicionales de los Pirineos o Alpes. Si eso no supone un problema, la recompensa es enorme: los espacios y los paisajes son preciosos.
También hay que tener suerte con el tiempo. Nosotros, en seis días, tuvimos sólo dos episodios de lluvia de unos quince minutos.
¿Cuál es la mejor época?
Nosotros hicimos la travesía del 20 al 26 de agosto y creo que la segunda quincena de agosto es una muy buena época.
Comenzamos el trekking el 21 de agosto, coincidiendo con el inicio del curso escolar en Suecia, lo que reduce bastante la afluencia. En julio parece haber más gente y también más mosquitos. En agosto vimos algunos, pero muy pocos.
Además, dos semanas antes de nuestro viaje había llovido mucho y algunos ríos habían bajado con bastante fuerza. Nosotros no tuvimos que quitarnos las botas para vadearlos, pero en julio es posible que los caudales sean mayores y haya que descalzarse o buscar rodeos. En definitiva, la segunda quincena de agosto nos pareció una fecha muy adecuada: encontramos poca gente y disfrutamos de una tranquilidad difícil de encontrar en los Alpes o Pirineos durante el verano.