“En invierno te enfrentas a la montaña sin un camino a seguir”
Cuando una nevada borra las huellas y cubre los caminos, el Pirineo se convierte en otra cordillera: más solitaria, más exigente y mucho más imprevisible. Para disfrutarla hace falta algo más que ganas de alcanzar una cumbre.
Jordi Pola, guía de alta montaña de Muntania, nos habla de las ascensiones invernales, de los rincones más salvajes del valle de Benasque, de los riesgos de la montaña en invierno y de por qué conviene aprender a leer la montaña antes de ponerse los crampones.
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La voz de la experiencia
Jordi Pola es guía de alta montaña y forma parte del equipo de Muntania Outdoors. Con 18 años de experiencia profesional en actividades de montaña, conoce bien las exigencias de la nieve y el hielo.
Hablamos con él sobre cómo iniciarse en el alpinismo invernal, qué ascensiones elegir en el Pirineo y por qué las condiciones del terreno pueden cambiar por completo una ruta aparentemente sencilla.
Si pudieras elegir una sola imagen para explicarle a alguien que nunca ha hecho una ascensión invernal en los Pirineos por qué merece la pena, ¿qué momento elegirías?
Esas ascensiones que comienzan después de una nevada, cuando han desaparecido todas las huellas humanas y te encuentras frente a la montaña sin un camino que seguir. No hay un sendero marcado: eres tú quien abre su propia huella. Son momentos espectaculares que te acercan a la esencia de la montaña.
Más allá de la nieve, ¿qué tiene el Pirineo en invierno que no puede ofrecer en ninguna otra época del año?
Esa sensación de encontrarte en una cordillera aislada. Es cierto que algunos valles tienen más vida gracias a las estaciones de esquí, pero también hay lugares solitarios donde puedes perderte y disfrutar de los Pirineos en su vertiente más salvaje.

¿Qué ascensión recomendarías para estrenarse en el alpinismo invernal en el Pirineo y por qué?
En el valle de Benasque, que es mi territorio de referencia, hay montañas asequibles como la Montañeta en el Valle de Gorgutes y el pico Remuñe en el valle homónimo. Además, para iniciarse también me gusta el pico Paderna, con un acceso relativamente cómodo desde el entorno de Llanos del Hospital, donde la estación de esquí de fondo facilita la aproximación.
Si queremos dar un paso más y plantearnos un tresmil, el pico de Alba o la Maladeta pueden ser buenas opciones para iniciarse en la alta montaña invernal, siempre que las condiciones y el nivel del montañero lo permitan. En estos objetivos podemos encontrar algún corredor sencillo o pequeños tramos de cresta donde poner en práctica técnicas propias del alpinismo. En cualquier caso, la elección debe adaptarse a la experiencia de cada persona y a las condiciones concretas de la montaña.
Si tuvieras que dar tres consejos a alguien que prepara su primera ascensión invernal, ¿cuáles serían?
Lo primero es conocer el estado de la nieve y las condiciones nivológicas de la montaña por la que vamos a movernos.
Como orientación general, los meses más próximos a la primavera suelen ofrecer condiciones más favorables para progresar y, en determinadas situaciones, una menor exposición a algunos peligros asociados a la nieve. Aun así, no hay garantías: hay que valorar siempre las condiciones reales.
Por otro lado, si salimos durante los primeros meses del invierno, conviene elegir pendientes moderadas y recorridos sencillos. No deberíamos afrontar terrenos más comprometidos hasta contar con conocimientos suficientes de nivología y experiencia para desplazarnos con seguridad sobre la nieve.

¿Qué riesgo infravaloran más los montañeros que empiezan a salir en invierno?
Creo que se ha avanzado mucho en la percepción del riesgo, en parte porque hoy tenemos un acceso mucho mayor a la información sobre la montaña. Sin embargo, todavía podemos infravalorar las consecuencias de no conocer bien el estado de la nieve.
Las condiciones del manto nivoso influyen directamente en el ritmo de progresión y en el tiempo que necesitamos para completar una actividad. Una ruta que en verano puede llevarnos tres o cuatro horas puede, en invierno, exigir el doble, dependiendo de la nieve y de las condiciones del terreno. Sin suficiente experiencia, es fácil no prever esa diferencia. Y calcular mal los tiempos puede complicar mucho una jornada invernal, especialmente cuando las horas de luz son limitadas.
¿En qué momento deja de ser una excursión de montaña en invierno y pasa a ser alpinismo invernal?
Las condiciones nivológicas pueden cambiar por completo la dificultad de un mismo terreno. Una pendiente nevada puede permitir una progresión relativamente cómoda si encontramos nieve blanda, en la que podemos hundir la bota hasta la mitad de la pierna. Pero después de una lluvia engelante o de una subida y posterior descenso de las temperaturas, esa misma pendiente puede quedar cubierta de nieve muy dura o de hielo.
La diferencia es enorme. Encontrar nieve blanda o una superficie helada condiciona la progresión con crampones y puede transformar una actividad sencilla en otra mucho más técnica y exigente.
Por eso es fundamental saber interpretar las condiciones que tenemos delante y adaptar la actividad a ellas.

¿Qué diferencia hay entre una montaña que es fácil en verano y la misma montaña en invierno?
La superficie por la que progresamos puede cambiar radicalmente. En zonas de terreno mixto, donde se alternan nieve y roca, puede aparecer el verglas: una película fina de hielo sobre la roca que dificulta enormemente el avance.
En esas condiciones, incluso un paso conocido y relativamente sencillo, como el paso de Mahoma en el Aneto, puede volverse peligroso si la roca está cubierta de hielo.
También puede ocurrir lo contrario: la nieve puede facilitar la progresión por determinados tramos que, sin ella, resultarían impracticables. Es el caso de algunos corredores, como el de la rimaya de la Maladeta, donde una superficie de nieve homogénea puede permitir avanzar mejor que sobre roca.
Por eso, más que fijarnos únicamente en la dificultad que figura en la descripción de la ruta, debemos entender las condiciones que encontraremos ese día. En invierno, una misma montaña puede ofrecer escenarios muy diferentes.
¿Qué ascensión recomendarías en los Pirineos a alguien que ya conoce las grandes clásicas y busca algo menos transitado?
Por su cercanía al valle de Benasque, uno de los macizos que más me gusta recorrer en invierno es el Cotiella. Es una zona que ofrece mucha soledad y esconde rincones magníficos para practicar alpinismo clásico, además de algunas actividades de mayor envergadura para quienes buscan un reto más exigente.